jueves, 25 de marzo de 2010

Bonjour, mon amie.

Tampoco ando yo como unas castañuelas, precisamente. Siento como si estuviera al final de un ciclo, pero que no acaba de empezar el siguiente. Si hago un repaso de mi vida (tampoco de arriba a abajo, que no es cuestión de aburrir) se da la curiosa circunstancia de que cuando he estado bien en el curro, he andado mal de amores, y viceversa.
Y ahora estoy en uno de esos lados del péndulo: en el curro estoy a gusto, aunque son muchas horas para lo que yo querría. Llego a casa casi con el tiempo justo de estar un ratito con las hijas, darles la cena y mandarlas al sobre. Menciono sólo a las hijas porque ellas son las que me alegran la vida, aunque a veces las devolvería al fabricante. Con Y no tengo ninguna alegría. Esa es la parte chunga de este lado del péndulo. Sólo hay indiferencia mutua y conatos de discusión que por lo menos sabemos frenar antes de que salten chispas. Es práctico porque no te alteras, pero por dentro haces mala sangre. Las crías no nos ven amorosos, pero por lo menos tampoco nos ven tirarnos los trastos a la cabeza.
Ahora que lo pienso, mis hijas ven lo que yo veía de pequeño, es decir, que yo nunca vi a mis padres en plan cariñoso, ni de la mano. Todo lo más mi padre le pasaba el brazo por los hombros a mi madre cuando iban de paseo. Nosotros ni eso. Pero es que supongo que mis padres se querrían, con todas las limitaciones impuestas por las férreas costumbres de la época, y que ellos voluntariamente adoptaron. No creo que nadie les prohibiría, ya en los setenta, darse un beso en los morros en público.
Pero nosotros no nos queremos. Y L ya lo nota, aunque sólo sea al ver cómo andan otras parejas. Me jode muchísimo que tenga que ver lo que yo veía con mis viejos, pero no quiero hipocresías. Un día habrá que explicárselo, y a U también, claro, y espero que lo puedan entender y no les suponga un palo muy grande.
Volviendo a la situación actual de impasse vital, pues eso, que noto que, aparte de finiquitada la relación de pareja, veo que con los amigos de la cuadrilla cada vez nos cuesta más vernos. Con los de mi cuadrilla y con la de Y, que hace tiempo que también es mía. Hay una especie de casi buscar excusas como para no vernos, como que no apetece. No sé si será que ya hay un montón de hijos de por medio y cuesta arrancar de casa con toda la intendencia, no te digo nada si hace mal tiempo. Porque ya tienes que buscar que haga bueno y que haya sitio a ser posible al aire libre para que los nenes se explayen. Y aquí cuesta que se den esas circunstancias.
Así que no hacemos mucha vida social, y cuando nos juntamos, que es a lo que voy en definitiva, siento que me aburro, que con esta gente, quitando dos o tres personas, ya tengo todo hablado, no hay nada. Echar un pote y a casa. Y eso que hacemos cenas que duran hasta las tantas, pero no sé, antes me lo pasaba mejor.
Siento que desaprovecho muchas de mis energías, que hay muchas cosas de que hablar, muchas cosas que hacer, pero no acaba de empezar el ciclo en que pueda darme rienda suelta. Otras veces así ha sido. Acabé con R y apareció M. Acabé con ella y apareció mi cuadrilla y P. Acabé con P y apareció Y y su cuadrilla. Ahora esto se va desgastando y no acaba de arrancar lo nuevo.
Me da que lo estoy fiando a la estadística, y no debe ser así. Que una cosa haya ido de una manera no quiere decir que lo vaya a hacer así siempre.
Con lo bonito que habría sido tener siempre a mano a los buenos amigos, desde el principio y sin ciclos. Te quiero decir que yo también te echo de menos, que eres de las pocas personas con las que hablo de mi vida. Y que no escribo más a menudo porque esto es muy frío, y siempre acabo contando el mismo rollo.
Ojalá que la próxima vez sea más optimista, y con motivos.
Muxus.

No hay comentarios:

Publicar un comentario